Primoz II

9 noviembre 2020 - 11:07 [GMT + 1]

© Unipublic/Charly López

Primoz Roglic lo ha dicho una y otra vez durante La Vuelta 20: “Siempre quiero ganar”. Su tardío debut en el ciclismo, después de su carrera como saltador de esquí, probablemente le lleva a querer disfrutar al máximo de sus mejores años en la bicicleta. Su victoria en Liège-Bastogne-Liège sirvió como dulce venganza después de que su joven compatriota, Tadej Pocacar, le superara por poco en el Tour de Francia justo después de probar su valía el año anterior en La Vuelta.

Primoz Roglic tuvo un final triunfante, en una temporada recortada, con su segunda victoria consecutiva en las avenidas más prestigiosas de Madrid. Los ganadores de La Vuelta han perdido el hábito de defender su título y su reputación, y es muy inusual ver al dorsal 1 deseando la victoria desde el primer día. Pero como Primoz siempre quiere ganar, persiguió y buscó la victoria tan pronto como La Vuelta empezó en Arrate.

Su vulnerabilidad también le convierte en una figura muy popular, dentro del poderoso Jumbo-Visma. De hecho, no conservó La Roja desde la etapa 1 hasta el final. El jersey de líder se le ha escapado en dos ocasiones, en Formigal, donde le faltaba una chaqueta para combatir el frío, y en el Alto de L’ Angliru, que sintió era “demasiado empinado para un sprinter”. ¿Roglic, un sprinter? Ha demostrado su potencia con una inesperada victoria en Suances. Roglic es un escalador, evidentemente, y un rodador. Repitió en el Mirador de Ézaro su éxito en la contrarreloj que ya consiguió el año anterior en Pau.

En 2020, como ya hizo en 2019, es el único corredor que se ha subido al podio de varias Grandes Vueltas. En los tres kilómetros finales hasta lo más alto de La Covatilla el subcampeón, Richard Carapaz, desafió su dominio con un potente contraataque después de un movimiento anterior de Hugh Carthy, una de las nuevas caras de La Vuelta. Sin duda, la edición 75 de la carrera permanecerá en los libros de historia y en los corazones de los amantes del ciclismo, que temieron durante mucho tiempo que no podrían animar a campeones, tan completos y dispuestos, como Primoz Roglic.

© Unipublic/Charly López

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